quarta-feira, 3 de julho de 2013

El Traductor

¿Usted ya usó un traductor? Usted escribe una palabra en un idioma que no entiende y listo, le muestra su significado en el idioma que especificó. Pero muchas veces el significado de aquella palabra es más que uno y dependiendo sirve para un tipo de frase, para dar sentido a lo que usted quiere decir. Para quien trabaja traduciendo o está en otro país, sabe muy bien de las dificultades que hay, cuando se quiere hablar o escribir, muchas veces una palabra dice lo contrario de lo que se quiere hablar o escribir (sino, pregúntenme a mi :-))

Pero, vamos más allá de ésta traducción. También existe la dificultad de expresarse en nuestro propio idioma (en mi caso es el portugués), hay muchas palabras que para el paulista son diferentes al carioca y que dificulta a los mineros y que frustran al resto de los brasileros ¿no es así? ¡Y eso sucede en nuestra lengua!  ¡Imagine con el resto de idiomas!

Ahora voy a hablar de un punto más allá de la traducción, que se llama: el traductor de la mente, es allá donde usted habla y las personas traducen como quieren o entienden. Siempre es necesario trabajar junto con la inteligencia Espiritual, para que ese traductor no traduzca mal lo que las personas nos dicen.

Cuando se tiene la mente de Cristo, pueden acercársele personas y hablar muy mal, o hablar otro idioma, hablar fuerte, voz delgada, gruesa, firme, alto y como sea usted logra traducir de una manera espiritual lo que aquella persona necesita decir o hacer. Pero cuando se tiene una mente contaminada, las personas pueden hablar muy bien, pueden hacer una pregunta clara, pueden intentar hablar de una manera bien explicadita, pero por tener una mente contaminada que es nutrida por los malos ojos y oídos, no existe forma, ni idioma que pueda hacerla entender.

Ojos y oídos contaminados es consecuencia una mente contaminada. Por eso, cuando queremos ser ayudadas y ayudar a las personas, necesitamos tener nuestro traductor (mente) saludable para saber traducir lo que necesito oír, lo que las personas quieren decir y encima de todo, lo que Dios quiere hablar.

Hoy en día es muy fácil encontrar personas que hacen tempestad en un vaso con agua, por causa de una simple palabra que no logró traducir en su mente y, ¿por qué? ¡Mente contaminada! Si su mente no es de Cristo, no sabe traducir lo que es Espíritu, lo que es carne y ni mucho menos cuando es la voz de Dios.

¡Seamos traductores de Cristo!


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