quinta-feira, 13 de junho de 2013

¿Hasta qué punto la curiosidad hace bien?

¿Usted es curiosa? Yo lo soy. Pero vamos a entender un poquito sobre la curiosidad que hace bien y la curiosidad que nos perjudica.

En el diccionario, el significado de la palabra curiosidad es el deseo que el ser humano tiene de ver o conocer algo desconocido. Pero, cuando ultrapasa un límite, como por ejemplo la invasión del espacio ajeno, se vuelve una indiscreción. Algunos términos populares pueden designar a alguien demasiado curiosa: entrometida, intrusa, chismosa.

¿Por qué estoy escribiendo sobre eso? Porque hoy en día muchas de nosotras cometemos errores sin percibir y, ser muy curiosa compromete no solo a nuestra imagen sino también a nuestra vida espiritual.

Usted sabe si la curiosidad es bueno o no a través de su intención, por ejemplo: tenemos la curiosidad de interés, que nos lleva al deseo de aprender lo que nos puede ser útil, por detrás de esa curiosidad de aprender más, hay una intención buena, cuando usted piensa en ser útil, eso quiere decir que usted piensa en el prójimo, entonces su curiosidad la hace avanzar y no solamente ayuda a las personas, sino que también crece y Dios puede usarla mucho más.
La otra curiosidad es de querer saber algo a todas costas, ejemplo: escuchar un asunto y la curiosidad le lleva a investigar con otras personas, su amiga le habla que tiene que hacer algo, y usted le pregunta ¿qué cosa? Ella dice: “algo”, entonces usted sigue insistiendo en saber que es ese “algo” que ella no le quiere decir. La curiosidad de esos ejemplos no son edificantes para nuestra vida espiritual, porque la intención no es buena, tal vez tampoco sea mala, pero en el fondo es para tener el gustito propio de quedar juzgando en su mente la situación, y eso parece ser tan nocivo que va enflaqueciendo su vida espiritual y comprometiendo su imagen.

Hablo eso porque yo ya fui así, eso se vuelve un vicio si no para, aparte que usted pierde tiempo con tonterías que Dios, tal vez estaba alejándola de saber algo por amor a su vida y, usted dejó que la curiosidad fuese usada de manera equivocada, simplemente por interés propio, insistiendo en algo que no le iría hacer bien.  

Piense conmigo, puede ser una situación simple que usted oyó hablar y que vino la curiosidad de saber, pero recuerde: ¿será que si fuera la voluntad de Dios que usted sepa algo, no le llegaría el asunto completo, designado directamente para usted?

Huya de las cosas que no le hacen bien para su vida espiritual y para su imagen, si usted es de Dios, no se ve bien que tenga fama de entrometida, chismosa e intrusa, porque así Dios no podrá usarla.

¿Cuál ha sido su intención por detrás de su curiosidad?


¡Piense en eso!

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