segunda-feira, 13 de agosto de 2012

La Santísima Trinidad – 1er. Día


La Santísima Trinidad es perfecta, sabemos que será revelada solamente cuando estemos delante del Trono de la Gracia. Pero, el ejemplo evidente sobre la Santísima Trinidad fue en el Bautismo del Señor Jesús.

“Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre Él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. (Mateo 3:16-17).

El Hijo siendo bautizado en las aguas… El Espíritu Santo, descendiendo sobre el Hijo en forma de una paloma y el Padre identificando del cielo a su Hijo Amado, Jesús.

El Dios – Padre sacrificó a Su Hijo a pesar de ser Dios. El Dios – Hijo a pesar de tener Su naturaleza Espiritual Se sacrificó, Él no apeló a Su naturaleza Espiritual. El Dios – Espíritu Santo es Dios, Padre e Hijo, quien ha estado en los días de hoy dispuesto a vivir en la vida de las personas que realmente quieren. Muchos quieren tener esa maravilla dentro de ellos, pero no quieren pagar el precio.

¿Cuál es el precio a pagar? Renunciar ¡A SU PROPIA VOLUNTAD, 100% A SU TODO! ¡Por el todo de Dios!

¿Y, qué es lo que usted gana con eso? ¡SUPER PODERES! El Espíritu Santo dentro de usted, le hace una persona poderosa en el mundo Espiritual, usted recibe espíritu para reconocer la Voz de Dios. Él hace que usted razone, Él te guía. Y generalmente, usted usa éstos súper poderes en los momentos de dificultades y luchas.

¿Por qué es necesario el Bautismo con el Espíritu Santo? Es necesario para la sobrevivencia de la propia fe en éste mundo, cada vez ha sido más difícil de vivir en él. Es imposible ser un cristiano sin ser sellado con el Espíritu Santo en éste mundo.

Ser cristiano sin el Bautismo con el Espíritu Santo es la misma cosa que una persona hambrienta escuche hablar de un plato de comida especial y continúe con hambre, con la esperanza de algún día poder comerlo. El Bautismo con el Espíritu Santo nos hace conocer personalmente al Señor Jesús, nos lleva a experiencias constantes con el propio Dios y, nos garantiza la certeza de la salvación e impide que seamos engañados o aludidos por nuestras propias flaquezas, emociones, sentimientos, motivándonos a un constante crecimiento espiritual.

El Espíritu Santo es la Llama que impide que la fe se apague. Solo quien ha sido sellado por Él ha permanecido firme.

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