quinta-feira, 17 de outubro de 2013

+ de Dios - de mí: ¡Ah, qué maravilla!

Éste propósito, para mí, fue del propio Dios. Simple como Él. Pero tan glorioso como Él.
Antes, yo vivía con dudas del pasado (sin percibir). Abrí mi visión en cuanto a la simplicidad, pureza y temor a Dios; gracias a Él.

Él me había perdonado mis errores, las personas también, pero yo no. En una búsqueda yo tuve que decir: “Te perdono Jéssica”.

Dios me presentó y me dio Su intimidad. Solamente aquellos Lo tienen, saben de lo que estoy hablando. Intimidad como nunca pensé tener, ¿pero sabe cómo lo logré?

Yo buscaba hacer la voluntad de Dios, pero después, Dios colocó dentro de mi pedir Su voluntad de una forma diferente. Aunque tuviera alguna cosa para presentarle y pedirle, yo pasé a pedir: “yo ya no tengo voluntades, yo quiero la Suya.”

Él me dio Su fruto, longanimidad, alegría, paz; éste testimonio es para honra y gloria de Él porque yo no soy nada. Pero Él hizo sentarme junto a la mesa de cena con Él jajajaja.

El sábado, nosotros de la fuerza joven universal nos preparamos buscando el Espíritu de Dios. Los jóvenes, así como los obreros y obreras, salieron de ahí diferentes. El Domingo, nos sentamos todos juntos unánimes, se veía claramente la expectativa de cada uno de nosotros, todos en espíritu de oración y mientras esperábamos cada uno estaba meditando la Palabra de Dios, todos en un solo espíritu.



En ese momento lancé sobre Dios mi ansiedad y Él me confirmó con Su certeza; fue tan simple y tan glorioso; ¡CERTEZA! ¡CERTEZA ABSOLUTA! ¡CERTEZA DE QUE SOY HIJA DE ÉL! (o como el obispo dice, hijo).

Yo estaba en el banco por segunda vez, porque había entrado a la Obra con muchas dudas, pues había pasado a mirar para mi misma con respecto a lo que tenía que hacer o dejar de hacer, me exigía mucho y terminé cegándome con eso. Hasta que mi Dios, por Su infinita misericordia, inundó mi ser de tal forma que nunca más me observaré como antes y mi CERTEZA es la Palabra de Él, Él cumple lo que dice: “No dará tu pie al resbaladero, ni dormirá el que te guarda” (Salmos 121:3).


Y ahí no acabó… terminando la reunión, el obispo reunió a todos los obreros(as) para una reunión breve y pidió para que todos los que estaban en el banco por dudas o no habían nacido de Dios y ahora tenían la CERTEZA, levantaran la mano. Yo y otros obreros(as) levantamos la mano y la determinación: ¡Puede volver a usar su uniforme! J

¡Dios es Grandioso! Él conoce a cada uno. Sabe de cada uno, así como nosotros sabemos de nosotros mismo. Y en aquella hora fue Dios que nos había observado y dado aquella determinación a su ángel, el ángel de la iglesia representado por el obispo.

Pero tampoco tuve prisa de vestir el uniforme, no estaba ansiosa, apenas estaba disfrutando de la intimidad con mi Dios. La Obra va mucho más allá de trabajar en el salón o de hacer algo en la iglesia, la Obra comienza dentro de nosotros, entre Dios y nosotros.

Muchas gracias Sra. Graciele y a las esposas que estuvieron en la misma fe con nosotros que participamos de ese propósito. Tengo certeza que la oración de cada una contó inmensamente a nuestro favor delante de Dios, la simplicidad y la humildad de las señoras en cada post, me pasó visión de Dios para mi vida al traer para mí misma.

Dios les bendiga, como tengo certeza que ustedes ya recibieron el doble.

¡En la Fe!
Jéssica Cunha, Volta Redonda/RJ.

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